Por: Violeta Campo
Programa Producción Escénica y Audiovisual
La Salle College, LCI
En este proyecto planteo el territorio como una forma de aproximarme a aquello que imagino, a eso que todavía no existe en la realidad material, pero que se pasea por mi mente todas las noches. Busco en la geografía una respuesta interior, una manera de acercarme a mis sueños.
La expedición —un recorrido longitudinal por los volcanes del Cinturón de Fuego del Pacífico, desde el centro de Colombia hasta el sur de Chile— es la finalidad de mi proyecto artístico como conjunto. Sin embargo, para volverlo posible necesito primero construir un acercamiento. Ese acercamiento es mi tesis: una instalación compuesta por cinco volcanes seleccionados que funcionan como un atlas tridimensional de mi viaje.
El trabajo consiste en trazar el mapa de ese recorrido imaginado: abordar mi imaginación como si fuera un paisaje y entrenar la mirada para ver mis sueños como ríos, caminos y montañas que, vistos desde la altura, dibujan un atlas de mi forma de percibir el mundo. Un atlas de mi relación con esos lugares que me llaman incesantemente; paisajes que, aunque aún no se hayan grabado en mis ojos, ya hacen parte de mí.
Cinco puntos en el mapa
Desde que tengo memoria, mis sueños han estado habitados por volcanes: seres gigantescos y antiguos que, incluso con el paso de los años, continúan apoderándose de mí al cerrar los ojos. Hace un tiempo tracé un mapa en mi libreta de viaje. Dibujé Sudamérica y, paralelo a la costa del océano Pacífico, marqué cinco puntos: uno en el centro de Colombia, otro en Ecuador, otro en la frontera norte de Chile con Bolivia, otro en la frontera central de Chile con Argentina y un último al sur de Chile.
Nevado del Ruiz · Cotopaxi · Parinacota · Maipo · Villarrica
Cinco cuerpos geológicos del Cinturón de Fuego que, en esta instalación, dejan de ser referencias cartográficas para convertirse en presencias. Las rocas se levantan del papel y se transforman en estructuras a escala humana que caminan, respiran y se sientan entre nosotros. El mapa deja de ser plano: se vuelve espacio habitable.
Un ensayo de viaje
Esta instalación es, entonces, un ensayo de viaje. Un dispositivo de imaginación materializada que me permite aproximarme visual y artísticamente a la expedición que realizaré junto a mi hermano y un equipo interdisciplinar compuesto por una antropóloga, una videógrafa y un productor de campo. Necesito ese equipo porque esta travesía no será únicamente geográfica, sino también social y afectiva: hablar con las comunidades asentadas en los volcanes, escuchar sus relatos, comprender su relación con el riesgo, la memoria y la pertenencia.
“Sola solo puedo soñar con volcanes; con ellos, puedo alcanzarlos.”
— Maurice y Katia Krafft
La expedición será un proyecto de documentación videográfica y de archivo artístico personal. Pero antes de emprenderla físicamente, esta instalación me permite ensayarla, proyectarla y compartirla. Funciona como puente entre el deseo y la acción, y también como herramienta para convocar apoyos económicos e intelectuales que hagan viable la travesía real.
Paisajes afectivos
Como señala Puente Lozano (2013), los paisajes afectivos se definen por una resonancia interior: una vibración entre el recuerdo y el entorno que permite al individuo dialogar con la memoria a través del territorio. Desde esa resonancia regreso a estos volcanes una y otra vez. Los recorro a toda velocidad en mi imaginación hasta que dejan de sentirse estáticos: se expanden, empujan sus límites y los destruyen, hasta volverse infinitos.
Esta instalación es la primera erupción del proyecto.
Con ella imagino mi recorrido longitudinal por los volcanes andinos del Cinturón de Fuego hasta volverlo real. Hasta tocarlos y caminarlos. Hasta verlos de cerca y registrarlos con mi cámara y en mi libreta de dibujos. Hasta guardar una de sus piedras de lava en el bolsillo.